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Los padres y sus niños, cuando los consejos no alcanzan
Por Lic. Mónica Sevilla
A diferencia de un adulto, un niño es traido a consulta, generalmente por sus padres. Esto puede estar motivado por padecimientos que el niño presenta en distintos órdenes de la vida cotidiana, ya sea en el ámbito de la casa o escolar, de su salud o en su vida social. Distintos malestares lo afectan a él y a quienes lo rodean.
Los padres ocupan el primer lugar en la lista. Prontamente este niño que queda por fuera de los estandares esperados pone en cuestión la forma en que se lo educa, el comportamiento de sus padres, su eficiencia, etc. Parecería operarse una inversión de fuerzas en las que el niño señala lo que está bien o mal, lo permitido y lo prohibido, lo ideal o lo inadmisible.
Respecto a estas situaciones hay quienes prefieren creer que existe unaúnicamanera de hacer las cosas, a lo sumo dos, y sacan rápidas conclusiones a partir de las cuales se implementan distintas medidas educativas o reeducativas. Esto se fundamenta en el ideal de alguien y se aplica para todos, como si se pudiera establecer que de tal manera de comportarse se desprende necesariamente tal consecuencia.
En ciertas oportunidades, esto surge de los propios padres que, al ver que las cosas fallan, se sienten conmovidos y creen haber perdido el rumbo que pensaban seguir; entonces piden consejos, otras veces estos señalamientos son la expresión de reproches entre los padres que sin duda expresan otros conflictos que exceden la situación del niño o tal vez de una maestra que intuitivamente sigue su impulso de educar lo ineducable. Pero cuando los reproches o consejos son hechos por los profesionales que están a cargo del tratamiento tiene otro valor ya que se les supone valor terapéutico.
Actualmente es habitual que los profesionales tratantes se reúnan con los padres para indicarles los puntos de falla en su rol. Suponen una serie de conductas que hacen a la función del padre pasar tanta cantidad de tiempo con ellos, jugar y pasear con los niños (disfrutando la situación), hablarles, ponerles límites, etc., haciendo de esto una medida aplicable a cualquier niño, con cualquier padre y con cualquier diagnóstico. El trabajo con niños nos hace evidente que ni ellos ni sus padres son reprogramables y este modo de buscar rápidas respuestas extravían más de lo que orienta.
La consulta a un analista se establece dentro de la lógica del uno por uno, porque no hay un sujeto igual al otro. Sabemos que las personas pueden vivir una misma situación y en cada una de ellas las cosas haber tenido efectos totalmente diferentes, incluso contrarios.
No hay recetas generales, se trata de descifrar de qué está hecho el padecimiento de cada niño, de explorar sus fantasías, ideales, puntos de angustia, intentando que allí donde encontramos certezas de que "las cosas son así" se establezca una pregunta o una nueva conexión que le permita ampliar, estar menos alienado a cosas que ni siquiera sabe qué son o de dónde vienen. Deslindando su demanda de la de su madre o su padre.
El analista no orienta con criterios de normalidad o utilidad, más bien exhaustiva las diferencias, que deberán analizarse en cada caso para que cada uno encuentre su salida particular.
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